domingo, 2 de diciembre de 2012

Vuelta

No suelo escribir porque no me gusta mi estilo de escritura, porque no sé si tengo algo que decir que nadie haya dicho ya, porque no sé si quiero que alguien lea lo que escribo. Pero hoy me dieron ganas de escribir, me dieron ganas de soltar una parrafada y quedarme tan ancho. Serán las pocas ganas de hacer el trabajo que tengo pendiente, probablemente, porque saber que la práctica de la escritura me es más que necesaria no me parece motivo suficiente para un alma perezosa como la mía. Me he molestado, además, en hacer de este blog algo decente y que se deje ver, porque quién sabe, igual me da por continuar con mi verborrea más adelante, lo más seguro en "Vuelta 2: Historia de un segundo comienzo"; lo de ser constante nunca fue mi fuerte.

Un fin de semana sin salir de casa me ha hecho darme cuenta de lo vertiginosa que se había vuelto mi vida. Y no me puedo quejar la verdad. No hace tanto tiempo, un fin de semana así no habría sido nada raro, pero esos eran otros tiempos, era otro yo. Porque, ¿quién me iba a decir a mí que cambiaría tanto con solo irme a vivir a otra ciudad? Claro que no solo ha sido eso, pero creo que fue lo que me impulsó a decir "basta" y tomar las riendas de mi vida de una forma totalmente distinta. Poco queda ya de ese chico tímido que no hablaba por miedo a que nadie le escuchara y que comenzara un blog totalmente distinto hará ya algo más de dos años. 

Paro aquí para volver a mis tareas. Si esto sigue adelante, sé que acabaré hablando de todo un poco, de cosas que me gustan (ej. series de televisión) o que me pasen. Me despido con un hasta otra, aunque lo mismo debería ser un hasta nunca.

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