domingo, 16 de diciembre de 2012

Drama y más drama

Un amigo muy sabio me dice siempre que me encanta el drama; creo que hacerme la víctima me sale ya hasta natural. Y es que está claro que a ninguno nos gusta ser el malo de la película y por eso nos escondemos siempre bajo burdas excusas para quedar bien delante de no se sabe muy bien quién. 

Yo sigo un patrón, igual algunos lo compartís conmigo, la mayoría imagino que no. Cuando me pasa algo, lo primero que hago es buscar a alguien a quién contárselo: no puedo tenerme la boca cerrada ni cinco minutos. A continuación, relato mi historia como si se tratara del inicio del fin del mundo y, por supuesto, espero una respuesta acorde a mi relato apocalíptico por parte del pobre al que le haya tocado escucharme. Creo que hasta aquí todo es normal, pero mi gusto por hacer un mundo de un grano de arena me está empezando a explotar en la cara. ¿De verdad puedo pretender que mis amigos se indignen o emocionen conmigo todas y cada una de las veces que les traigo algún cotilleo de mi vida? Supongo que para eso empecé con este blog, para no tener que darles la murga con mis tonterías.

Volviendo al tema en cuestión, últimamente estoy llegando a la conclusión de que necesito atención como sea y, si ello conlleva ir llorándole a la gente, lo hago. Sin ir más lejos, hace un par de días un chico con el que me estuve viendo un tiempo y que me dejó recientemente se enrolló con otro delante de mí en la discoteca y en el taxi de vuelta a casa. Me parece irrespetuoso y me dolió mucho en el momento, aunque para mí él sea agua pasada, pero no me estoy muriendo ni nada por el estilo. Y sin embargo, he sentido la necesidad de hablar sobre el tema con mis compañeras de piso, amigos que tenemos en común, ciberamigos... Y esto solo en apenas 2 días. Vamos, podríamos decir que soy una drama queen en toda regla, por falta de un mejor término.

Aunque quizás, y solo quizás, solo pienso estas cosas de mí mismo para quitarle hierro al asunto y echarle la culpa de que me encuentre mal a que le doy más importancia de la que tiene. Cualquiera sabe.

Sea como fuere, esto tiene que acabar. Si conseguí dejar de ser tan tímido, puede que, con un poco de suerte, deje esto atrás también. Aunque claro, eso me haría aún más perfecto si cabe y aún menos deseable. Pero ese es ya otro tema aparte que daría para más de una entrada.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Vuelta

No suelo escribir porque no me gusta mi estilo de escritura, porque no sé si tengo algo que decir que nadie haya dicho ya, porque no sé si quiero que alguien lea lo que escribo. Pero hoy me dieron ganas de escribir, me dieron ganas de soltar una parrafada y quedarme tan ancho. Serán las pocas ganas de hacer el trabajo que tengo pendiente, probablemente, porque saber que la práctica de la escritura me es más que necesaria no me parece motivo suficiente para un alma perezosa como la mía. Me he molestado, además, en hacer de este blog algo decente y que se deje ver, porque quién sabe, igual me da por continuar con mi verborrea más adelante, lo más seguro en "Vuelta 2: Historia de un segundo comienzo"; lo de ser constante nunca fue mi fuerte.

Un fin de semana sin salir de casa me ha hecho darme cuenta de lo vertiginosa que se había vuelto mi vida. Y no me puedo quejar la verdad. No hace tanto tiempo, un fin de semana así no habría sido nada raro, pero esos eran otros tiempos, era otro yo. Porque, ¿quién me iba a decir a mí que cambiaría tanto con solo irme a vivir a otra ciudad? Claro que no solo ha sido eso, pero creo que fue lo que me impulsó a decir "basta" y tomar las riendas de mi vida de una forma totalmente distinta. Poco queda ya de ese chico tímido que no hablaba por miedo a que nadie le escuchara y que comenzara un blog totalmente distinto hará ya algo más de dos años. 

Paro aquí para volver a mis tareas. Si esto sigue adelante, sé que acabaré hablando de todo un poco, de cosas que me gustan (ej. series de televisión) o que me pasen. Me despido con un hasta otra, aunque lo mismo debería ser un hasta nunca.